Detenerse a pensar, planificar lo que se va a realizar y no abarcar más de lo que se puede cumplir, son algunas de las claves que se deben tener en cuenta para no sucumbir ante las presiones de esta época del año.

Llegó el fin de año y las responsabilidades, el cansancio y las preocupaciones crecen, aumentando los niveles de estrés en la mayoría de las personas.

“En esta época se juntan muchas cosas. Están las fiestas de Navidad y Año Nuevo, que requieren de organización y gasto, hay una enorme cantidad de actividades por realizar y compromisos que cumplir. Los niños y jóvenes, en tanto, rinden sus pruebas finales y el trabajo de un año pesa sobre los hombros de muchas personas”, dice el doctor Jorge Cárdenas, psiquiatra del Departamento Calidad de Vida del Instituto Oncológico FALP.

Esta situación es muy característica de nuestro país, donde coinciden las fiestas más importantes del año, con la finalización del período laboral y académico, se rinde la PSU, momento de tensión para una gran cantidad de familias, además de ser el período de mayor calor, al menos en la capital. En otros países, el año académico termina, ya sea a principios del mes de diciembre, por ejemplo, en Argentina o en agosto, como en el hemisferio norte, donde el tiempo allí alcanza bien para cada cosa”, agrega el especialista.

El estrés provocado por el fin de año se puede manifestar como angustia, ansiedad, alteraciones del sueño e irritabilidad.

A juicio del Dr. Cárdenas, hay muchas herramientas que se pueden utilizar parahacer frente a este escenario. “Lo principal es la planificación. Por ejemplo, si me gusta hacer regalos para Navidad, es recomendable ahorrar dinero y comprar obsequios con antelación, de manera de no estar los días previos a esta fiesta siendo presa de un estrés que es posible evitar”, señala.

Asimismo, es aconsejable aprender a decir que “no”, de manera de no abarcar más de lo que realmente se puede cumplir. “Organizar adecuadamente el tiempo y los horarios. Esto implica ser asertivos en el tiempo que nos toma realizar cada actividad (descanso, comidas, traslado, etc.)”, agrega la profesional. También se deben tener expectativas realistas tanto de uno mismo como de los demás, puesto que esperar demasiado puede conducir a frustración y angustia.

Sumado a todas las exigencias y actividades propias de esta fecha, el término del año además implica realizar una serie de balances en cuanto a lo que se hizo y dejó de hacer. “Esto muchas veces deja la sensación de que ya no queda tiempo suficiente para reparar o mejorar lo que se realizó, lo que también puede aumentar la tensión propia de esta época”, señala.

Así, se debe tomar esta actividad como una herramienta para plantearse metas y desafíos para el año venidero. “Es importante darse un tiempo y realizar esta actividad a todos los niveles (laboral, familiar y personal) y establecer metas, pero realistas. Y aunque se deja para el final y en ocasiones no se hace, también es fundamental evaluar cómo he sido yo como persona, si me he enriquecido en este año, y plantear nuevos desafíos en este sentido”.

Fuente: Artículo publicado en Revista Vida y Futuro, FALP.

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