“Mi carga horaria fuerte y mi pasión por el deporte y por la educación, me llevaron a descuidarme y no considerar que el cáncer de piel es agresivo y silencioso. Luego de que me operaron una lesión maligna, pensé que me había librado de la enfermedad, pero no fue así y cinco años después apareció un tumor en la ingle, que fue tratado con cirugía y radioterapia. Y este año, se sumó una metástasis pulmonar y hepática”.

El año 2010, el profesor de educación física Ramón Matamala descubrió un lunar fuera de lo común en su pierna, pero no le dio importancia. Pasó el tiempo y viajó desde Cañete a Concepción para ser examinado por un médico especialista, quien luego de una biopsia, le indicó que se trataba de cáncer de piel tipo melanoma y que había que hacer una nueva operación para sacar los bordes. Con el tiempo, se manifestó otro tumor en el mediastino (sector torácico), y posteriormente en el hígado y pulmón.

Por recomendación de su médico, se acercó al Instituto Oncológico FALP, y así se sumó a una serie de pacientes que ya han agotado las posibilidades con las terapias disponibles y participan de estudios clínicos, donde reciben drogas oncológicas que aún no están disponibles y se encuentran en etapa de investigación. Por ello, cada 21 días viaja a Santiago donde recibe la dosis del medicamento y se le practican exámenes de control.

“Antes de este tratamiento, con cáncer metastásico la expectativa de sobrevida era de sólo un año. Estoy lleno de esperanza, fortaleza y gozo, ya que luego de la quinta sesión (de 36) los tumores han disminuido de tamaño en más de 50%. Participar en un estudio clínico es una gran oportunidad de continuar la vida”, concluye.